El tratamiento salino no significa una piscina sin mantenimiento ni cloro. El equipo produce desinfectante a partir de la sal disuelta en el agua, pero sigue necesitando un pH, una alcalinidad y un caudal correctos, además de un control periódico. También es importante saber cómo afecta la sal a las piezas metálicas, las cubiertas y los materiales circundantes.
- Compruebe que todos los componentes son aptos para agua salada.
- Pregunte por la vida útil y el precio de la célula electrolítica.
- Pida que le expliquen la hibernación y el ajuste según la temperatura del agua.
La salinidad debe medirse por separado, no estimarse por el sabor: una concentración demasiado baja implica una desinfección débil, y una demasiado alta sobrecarga la célula electrolítica y las piezas metálicas circundantes. La sal se añade al agua de forma progresiva tras un vaciado, un contralavado o una lluvia que diluya la piscina. Sin un control periódico de la salinidad, el sistema deja de funcionar de forma fiable aunque el agua parezca limpia.
Antes de pasarse al tratamiento salino, compruebe también la antigüedad y el estado de la tubería existente: las instalaciones metálicas más antiguas pueden ser más sensibles al agua salada que los sistemas de plástico más modernos. Ante cualquier duda, merece la pena una consulta in situ con un técnico, en lugar de fiarse solo de los datos de catálogo.
Siguiente paso
¿Planea un proyecto similar de piscina, spa o wellness?
Pase de la inspiración al directorio de empresas, a una solicitud clara o a nuestra selección editorial habitual.


